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ARTÍCULOS Y REPORTAJES
CASTILLA-LA MANCHA: ESTACIONES DE PASO
Publicado en la Revista del Ministerio de Fomento nº 553 (julio - agosto de 2006)
Reproducción autorizada
Macarena Herrera Lorenzo. Fotos: José Caballero y FFE (19/12/2006)

 

Cuenca, del modelo MZA a la línea a Utiel

La formación de la red ferroviaria en Cuenca, compuesta por una única línea que atraviesa la provincia de oeste a este, fue lenta, debido en parte a las dificultades del trazado, y se realizó en dos periodos, cada uno de los cuales corresponde a un tramo diferente. El tramo Aranjuez-Cuenca, iniciado por la Compañía para el Ferrocarril de Aranjuez a Cuenca y finalizado por MZA, culminó en 1885 con la llegada del tren a la capital. En una segunda etapa, iniciada con el Plan de Urgente Construcción del Gobierno de Primo de Rivera, de 1926, se prolongó la línea hasta Utiel (Valencia) como paso previo para extenderla hasta Valencia y las líneas de Levante, objetivo alcanzado en 1947. Este hecho ha configurado estaciones muy diferentes en ambos tramos.

La única línea de Cuenca, construida en dos periodos distintos, posee estaciones de estilos
muy diferentes

Una decena de estaciones jalonan el recorrido entre Aranjuez y Cuenca, construido entre 1885 y 1889. Desde la óptica arquitectónica, son uno de los mejores ejemplos de la política de estandarización de MZA. Las estaciones fueron clasificadas en distintos órdenes, y a cada orden correspondió un tipo de edificio de viajeros, de muelles y de urinarios, con dimensiones en función de la importancia de la estación. Así, a la estación principal, la de Cuenca, correspondió el edificio de mayores dimensiones (52 metros de largo por 10 de ancho) y los muelles más grandes. En orden descendente, luego vendrían las estaciones de Tarancón y Huete (con edificios de 32 x 10 m con patio de viajeros y muelles de 20 x 8 m), las de Paredes, Caracenilla, Cuevas y Chillarón (edificios de 14,20 x 8,2 m) y, por último, las de Vellisca, Castillejo del Romeral y Villar del Saz Navalón (11,9 x 5,9 m y muelles de 10 x 6 m). Se trataba, por tanto, de una línea totalmente serializada.

En este tramo destacó por su importancia Tarancón, población con activo comercio cuya estación constaba de un notable edificio de dos plantas e instalaciones que hablan de su importancia ferroviaria (cochera de máquinas y de carruajes, muelles cubiertos y descubiertos, patio de mercancías, cantina, báscula, etc.), aunque su actual edificio es más modesto. Huete no brilla por su edificio, aunque sí por dos estructuras anexas, el muelle cubierto y los retretes, que, por su singularidad, están protegidas.

En su calidad de capital, Cuenca fue y sigue siendo la estación principal de la línea. Enclavada en el casco urbano, la estación alberga un extenso edificio de viajeros con un cuerpo principal de dos alturas y alas de tres pisos, dotado de una singular y tardía marquesina metálica de 15 m de ancho, y varias construcciones anexas. Estos elementos se construyeron a raíz del proyecto de estación común de 1931, que no sólo varió el edificio principal de 1885 –éste tenía un cuerpo central elevado sobre la parte principal del vestíbulo–, sino que aportó una serie de edificios que realzaron la importancia de la estación. Construidos con materiales económicos, zócalos de mampostería, muros de hormigón con enfoscado y cercos de ladrillo para los huecos, entre ellos figuran cochera de carruajes, cocherón de locomotoras, talleres de locomotoras y de material móvil, almacenes, cinco muelles, dormitorios y viviendas. Varias de estas instalaciones, que han llegado hasta nuestros días, llevan el sello de la estandarización de MZA. La estación sufrió una ulterior remodelación en 1947.

Marquesina de la estación de Cuenca

Las estaciones de la línea a Utiel conforman un conjunto unitario firmado por el arquitecto vasco Secundino de Zuazo entre 1921 y 1924 que, por su singularidad, merecen atención especial. Se trata de media docena de edificios de parecidas características e idéntica configuración volumétrica, con leves diferencias en la disposición de huecos y la ornamentación de fachadas. Tienen dos plantas, con un torreón de una planta más a uno de los extremos, y una bow-window bajo ésta, que juega un papel importante en el entorno rural donde se levantan. En su base se añade un mirador saliente de tres lados que avanza sobre el andén. Los edificios, de gran sencillez y austeridad decorativa, se levantaron con materiales tradicionales, mampostería, ladrillo visto y teja cerámica. Su estilo se enmarca en la arquitectura tradicional, aunque adaptada al progreso que representaba el ferrocarril. Carboneras de Guadazaón (protegida por ley) y La Gramedosa son los principales exponentes de estas singulares estaciones, algunas operativas y otras en ruinas.

Carboneras de Guadazaón es un exponente de las estaciones de Secundino de Zuazo de la línea Cuenca - Utiel
 
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